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    Eric Harland: Sin Fronteras

    Saul Cobian 04:58 - 06 feb. 2019
    Estábamos haciendo fila en el callejón frío que daba a la puerta lateral del Catalina. Era mi tercera vez en este lugar. A pesar de tener mi propio coche, no me gustaba salir a las calles de Los Angeles. Mi personalidad introvertida y mi situación económica limitada me obligaban a ser hogareño. Era yo, y un puñado de brasileños, que aunque entendían el español perfectamente (como la mayoría), hablaban un portugués muy rápido para que yo pudiera comprender, así que me limitaba a reír cuando todos reían a pesar de no estar entendiendo todo lo que decían.

    Desde adentro se escuchaban vestigios de un solo de batería, y al callar, un estruendo de una multitud emocionada. Cuando el L.A. Weekly anunció el trío de Joshua Redman supe que tenía que venir a, por lo menos, una de las tres fechas. Los más afortunados, provenientes de países de primer mundo, fueron a todas las fechas. Yo solo pude ir a una, y fue en el segundo set. En Catalina no puedes entrar a los dos sets con un boleto. Es un Show per.

    Sin embargo yo no tenía idea de quien lo acompañaba… no los conocía. Eran Reuben Rogers y Eric Harland. En la escuela pocos conocían a Harland. Solo Masanao, Ruben, y otro par, de nombres no quiero acordarme.

    El formato de sax trío es uno difícil de apreciar. Los oídos poco entrenados necesitan las notas del piano o de la guitarra acompañando la forma, y si no estas habituado, puede sonar vacío. Pero también es uno de los tríos más divertidos, ya que es desafiante. La sección rítmica consiste solo en la batería y el contrabajo, y de ellos depende mantener la forma y la armonía. El sax, entonces queda en un lugar de infinitas posibilidades, donde puede tomarse muchas libertades al no estar limitado por la presencia de un piano que lo obliga a respetar hasta cierto punto los “changes”. Si el saxofonista se siente seguro del trío, puede confiar totalmente en que él puede ir a donde quiera, y la sección rítmica estará ahí para apoyarlo. Eso es exactamente lo que pasó esa noche.

    Abrieron con un arreglo muy vanguardista de “mack de knife” lleno de desplazamientos, cambios de compás, y MUCHO swing. La música que sucedió en ese escenario es absolutamente indescriptible, pero si desconoces el contexto, necesitas escuchar El disco Back East de Joshua. La batería es tocada en algunos tracks por Gregg Hutchinson, otros por Briand Blade, y otros por Harland. Pero la vibra de lo que presenciamos mis secuaces y yo se acerca bastante a esta grabación. El virtuosismo de Harland era superado solo por su creatividad y su control dinámico… y un dominio de las formas endemoniado, entrando y saliendo al pulso a placer, con una precisión sin precedentes, pero una claridad que a pesar de rayar en la abstracción, la banda seguía en los fragmentos de improvisación acompañada por hits. Era algo que mi cerebro no podía entender, pero que disfruté mas allá de las expectativas. El público compartió el sentimiento. La abstracción y complejidad no conseguía distraernos de la emotividad y la fuerza de sus frases y sus ideas.

    Esa noche Eric tenía un set bastante tradicional: snare, kick, toms, tres platos suculentos, y un tabla montado sobre el kick, el cual tocaba con las baquetas en lugar de las manos. El resultado era una gama de colores dentro de la paleta del jazz, pero con una variedad más extensa, por el resultado de los efectos del tabla.

    Poco a poco fui conociendo un poco un poco más de este tremendo músico y una de las cosas que me llamaron la atención, es que nunca se sube al escenario con el mismo set up. A veces lo ves usar un platillo encima de otro, un redoblante en lugar de el tom 12, o acomodado en el lugar del tom 14. Otras veces pone un carrete de cinta de estaño en el redoblante, o pega con un adhesivo una escobilla al parche, para simular un shaker, mientras los toms son ahogados por castañuelas, tamborines o platillos. Harland es totalmente impredecible. Nunca sabes con que se va a subir al escenario, y nunca es una decisión planeada. Verlo tocar un set “al natural” es una experiencia increíble, que desafía las reglas de los posible. Pero el extra que el da, es la experimentación sonora que da a lugar en ese jugueteo con todos estos artilugios, que si bien no son necesarios para la música, son una manera en la que el se motiva a mantener un lenguaje fresco.

    Si analizamos su proceso de pensamiento, veremos que no se trata solo de introducir un gadget nuevo y tocarlo. Lo que lo lleva a cambiar constantemente es la necesidad de tocar ideas nuevas todo el tiempo y extraer nuevos recursos, ante el riesgo de estancarse en una zona de confort. Para Harland, introducir un elemento extraño al kit es una manera de sorprender al oyente, y sorprenderse a sí mismo, obligándose a encontrar la manera de producir música con ese elemento, aunque el sonido no sea completamente de su agrado. Es un artista que creció en un entorno lleno de música, pero siempre quiso percibirla como una experiencia divertida, y con la cual busca expresarse, eliminando todas las limitantes. Le encanta tener la libertad de ser él mismo en la batería, y solo acepta tocar con quienes respetan su manera de hacer las cosas, y buscan lo que el aporta con su estilo interpretativo. Puede tocar como sideman con una infinidad de artistas, y tocar exactamente lo que la música y el momento requieren de él, pero odia que le digan que es lo que tiene que hacer. Él quiere expresarse, iluminar la vida de quienes lo escuchan; convirtiendo la música en un instrumento de sanación y comunicación.

    Profundamente espiritual, es pastor cristiano y compositor. Para él, la música es una bendición y un regalo de la vida (Dios) para la humanidad. Su filosofía es mantenerse abierto a lo que la vida y la música le presentan en el momento, y fluir a partir de ello. Así es como toca, y aunque la música con su complejidad permite márgenes de error, Harland es un genio que pareciera ser inmune a cometer errores, tal y como se ve en el concierto con Chris Potter, Lionel Lueke, y Dave Holland (Festival de jazz de Vitoria Gasteis, 2015), en donde Holland se pierde por completo en su sólo después de llevar a la banda a un momento de increíble intensidad y diálogo. Es algo que pasa, hasta a los más grandes como Holland. Pero si bloqueas a todos de tu cabeza y sigues la acentuación de 7/4+6/4, verás que cuando Holland sale mal del solo, Harland lo escucha, y a pesar de estar en el uno, cede la batuta al bajo y permite que la banda regrese al tema correctamente, como un capitán que lleva a su tripulación a tierra en una tormenta.

    Eric Harland comenzó a estudiar piano a los dos años, con su madre, pianista y cantante de la iglesia, y aunque la metodología de su madre, lo llevó a perder interés en el piano, pronto encontró en la batería un escaparate, y estuvo en contacto con la música cantando y tocando en la iglesia desde temprana edad. Su vasta experiencia al entrar a la adolescencia, le llevó a conseguir una beca en el Manhattan School of Music en NY. A pesar de esto, su historia no es solo sonrisas. Extremadamente obeso en su juventud, fue víctima de bulling y violencia, lo cual lo hizo refugiarse en la música y las artes. Cuando habla de sus frustraciones, atribuye a sus malas experiencias de la juventud, como el motor de su éxito. Dándole la vuelta al plato, supo convertir su dolor en combustible para su crecimiento artístico, y retomar control de su vida. Cuando entendió que no podía expresar la música que escuchaba en su cabeza porque su cuerpo no estaba listo, decidió entrenar a su cuerpo intensamente para eliminar las limitantes físicas.

    Hoy en día es uno de los bateristas más cotizados del mundo, habiendo tocado en más de cuatrocientas grabaciones de jazz y numerosas películas. Su estilo puede no ser para todos… nada nunca lo es. Está sumamente influenciado por los sonidos del gospel y R&B, con las raíces del jazz ineluctablemente presentes, y un toque de virtuosismo que pudiera cansar a quienes gustan de un enfoque un poco más minimalista. Pero su manera de ver la música es maravillosa. Siendo pastor presbítero, encuentra mucha inspiración en la rítmica de la palabra hablada, y ha logrado una manera de improvisar, incluso dentro del pulso, con una articulación similar a la de un discurso o monólogo hablado. Así es como logra que sus solos sean orgánicamente abstractos. Incluso le gusta hablar mientras improvisa, improvisar mientras habla, hablar mientras comunica, y su elocuencia en la palabra es igual de magistral que en el instrumento.

    Si no lo conoces, voy a dejarte hoy un enlace de su quinteto “Voyager” acompañado por Julian Lage, Walter Smith III, Taylor Eigisti y Harish Raghavan. Su música original es la mejor manera de conocer a este increíble artista. Espero que lo disfrutes.




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