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Improvisar no quiere decir ser improvisado:

Improvisar suele ser un tema común de discusión en la forma de aplicación o de modo de ejecución.

En algunas ocasiones podemos hallar algunas referencias a seguir en la partitura, y en otras, tenemos nulas señales de lo que debemos crear en una determinada parte, en un periodo variable de tiempo.
La dificultad es variable en la pieza que se aplique, en los estilos que se maneje o en la cantidad de tiempo musical que se le proporcione a tal recurso.
Una situación mucho más común y vivencial, ocurre cuando con una de las bandas con las que tocamos, hacemos un tema Nuevo, practicamos alguna idea o desarrollamos algunas frases musicales, que suelen ser con la idea de alguno de los miembros, que por lo general, enfatiza en su instrumento, donde debemos acogernos a unas pocas pautas, para intentar sumar desde nuestro lugar, un elemento sinérgico, complementario y funcional a la música que deseamos crear.



La improvisación se define como la acción de hacer algo sin una preparación previa, y esto puede ser simple o complejo, según de donde se analice.
El acto por naturaleza más cotidiano de improvisación es una conversación repentina con alguien, conocido o desconocido.
Los disparadores de la misma, pueden ser miles, puede haber objetivos implícitos o explícitos, pueden buscar algún tipo de información, puede ser el querer manifestar algo, o puede ser una mera expresión de lenguaje, cuyo objetivo de comunicación es decodificar un mensaje subliminal.

Si bien los parámetros que rijan la charla son incontrolables e indefinibles en la mayoría de las ocasiones, uno tiene determinadas consideraciones ya asumidas, que permiten la fluidez y continuidad en la conversación.
Nos referimos a lenguaje formal o informal, definiciones técnicas, reglas de gramática y expresión, y demás factores que nos permiten contextualizar de modo criterioso esa comunicación, y así tratar de que ambas partes (emisor y receptor), pueden obtener un mensaje claro y sin interferencias.

En la música, esas reglas deberán referir a la capacidad de decodificación y expresión musical, que serán tales como lenguaje rítmico, escalas melódicas, espacios armónicos, conocimiento de diverso grado de genero sobre el que se aplique, y demás elementos que surgen de un modo espontáneo, como respuesta a una referencia que nos remite a poder acudir a tales elementos para generar un “dialogo musical”.

Tal dialogo, debe permitir una natural expresión de cada uno de los involucrados, y además, debe potenciar la intención de mensaje en sí mismo.
Para poder acceder a estos niveles, no solo es suficiente con poder analizar la importancia de nuestro instrumento en una banda o estilo, además de la necesidad de complemento sinérgico a otro instrumento, y al resto de la banda; sino que además, debemos tener una capacidad subyacente y superlativa, que es la capacidad de escucha y la capacidad de “decir lo adecuado y suficiente”.

La capacidad de escucha remite a comprender y dar contexto a ese primer mensaje, que involucra una respuesta adecuada y acorde, en pos de continuar y fluir ese dialogo.
Es poder dar aire, espacio, entonación e intensidad a nuestra respuesta, en mismo grado lo tenga la pregunta previa.

Es poder hallar el nivel de comunicación adecuado y especifico, para que el mensaje sea claro, preciso y convincente.

La capacidad de “decir lo adecuado”, surge de la anterior, y es poder dar continuidad y sentido al mensaje o referencia primaria, para no ser por demás escuetos o extendidos en la cantidad y calidad de lo que deseamos transmitir. Muchas veces, menos es más.
Como vemos, improvisar no es hacer lo que queremos , ni lo primero que se nos ocurra, sino que debe estar alineado con la idea principal, debe permitir nuestra expresión y fluidez, y por sobre todo, debe dar sentido a que el mensaje sea interactivo, dinámico y agradable por todos los que participan de modo activo o pasivo en esa comunicación, sean compañeros de banda, público o colegas músicos.

Algunas consideraciones para improvisar, sin hacer lo que “se nos ocurra”:

• Comprender la estructura musical y los estadíos de la pieza en cuestión, para asumir intensidad, duración y expresividad.
• Comprender y conocer el género, a fin de estar dentro de un “mismo idioma”.
• Tener conocimiento y capacidad creativa para fluir en variaciones, colores y matices desde una idea principal.
• Control y dominio sobre nuestro instrumento.
• La habilidad de manejar diversos tempos y dinámicas.
•Adecuar determinadas ideas al género específico.
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Improvisar suele ser un tema común de discusión en la forma de aplicación o de modo de ejecución... Hoy tocaremos ese tema aqui...

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